Relato porno Mi prima, una cachonda xxx


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Mi prima, una cachonda

Categoría: Incesto Comentarios: 0 Visto: 25528 veces

Ajustar texto: + - Publicado el 20/11/2013, por: admin

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Pues bien, dos meses antes de que se dieran los hechos con Laura, había regresado a casa de mamá para pasar con mi familia los días de vacaciones escolares. Durante esos dos meses me despreocupé por los estudios, dedicándome a visitar a mis amigos, en especial a las chicas que han estado íntimamente presentes en mi vida, divirtiéndome a lo grande, lo que mucha falta me estaba haciendo. Ese tiempo que pasé al lado de los mío fue igualmente inolvidable.

Se acabaron las vacaciones y regresé de nuevo, con mucha alegría, a casa de mi tía Isabel donde me encontraría con algunos cambios interesantes. Laura se había enterado de la relación que Rosaura y yo manteníamos desde hacía meses. Rosaura, dentro se su ingenuidad y cariño de hermana, se lo había confesado como la experiencia más grande que jamás había tenido y que la hacía muy dichosa. Laura prometió guardarle el secreto, muy especialmente ante Carlos y su mamá, pero lo que menos se esperaba mi tierna primita era que conmigo, ella quebraría la promesa. Por supuesto, ese incumplimiento traía implícito toda su intención.

A los tres días de mi llegada, Laura y yo nos encontrábamos lavando los platos del desayuno cuando a baja voz, casi susurrando para no ser escuchada por la tía, que veía las noticias de la mañana en el televisor de la sala, me dijo al oído «Te cuidé muy bien a tu querida primita». La mire algo confundida emitiendo solamente un entrecortado «¿ah?». «Si, y ha aprendido perfectamente lo que le haz estado enseñando. ¿Ha sido una buena alumna, verdad?», me dijo de inmediato. Yo había entendido en parte el mensaje que me estaba lanzando, y sin permitirme responder continuó susurrándome «No imaginaba que fuera una chica tan deliciosa». Esas palabras me lo decía todo, por lo que inteligentemente le respondí «Así es, pero lo mejor es que hablemos en otro sitio, ahí está la tía. ¿No te parece?». «De acuerdo», respondió, agregando «vamos a vernos en el estudio para contártelo todo», «OK, déjame terminar con los platos, espérame allá» ¿Será que durante mi ausencia había sucedido entre ellas dos lo que me estaba imaginando?, me preguntaba a mi misma, a la vez que apresuraba el trabajo del secado de los platos para dirigirme, sin pérdida de tiempo al estudio. Mi corazón palpitaba aceleradamente.

Una vez en el estudio, previa comprobación de que no hubiera moros en la costa, me contó con lujos de detalles que Rosaura le había contado todos los secretos que yo le había enseñado y de los momentos deliciosos que siempre pasábamos. Igualmente me confesó que ella también era lesbiana desde los 16, cuando comenzó a hacerlo con Cristina, una chica de 18 años, amiga de nosotros, quien vive a cinco casas de la nuestra. También agregó que siempre le había tenido ganas a su hermanita, pero que se había estado absteniendo por lo pequeña que era y porque pudiera crear un conflicto familiar, pero, ante su confesión, aprovechó el momento que siempre había deseado; Rosaura se le entregó sin rechazo alguno, haciéndola suya con todas las ganas. Según sus palabras, a partir de ese momento lo estuvieron pasando a las mil maravillas durante mi ausencia. «Tienes que contármelo todo detalladamente», le dije. «Seguro que si, pero no en este momento ¿Qué te parece si no vamos al liceo hoy y nos quedamos en casa hablando con calma sobre el tema?». «mmmm… me parece bien», respondí interesada en su propuesta. «Bueno, entonces regresemos a la sala a la espera de que mami se vaya a trabajar y Rosaura a estudiar», concluyó.

Ya la tía se había ido a su oficina cuando le pedí a Rosaura que se fuera sin mi al liceo porque yo tenía que terminar un tema sobre biología e iría a la biblioteca a consultar libros. Mirándome con cierta curiosidad se marchó a clase.

Cuando comprobamos que todo estaba tranquilo en los alrededores, mi prima mayor y yo nos sentamos en el sofá de la sala, una al lado de la otra. Ahí terminó de narrarme paso a paso todos los hechos ocurridos con Rosaura. Sus eróticas palabras ya habían comenzado a producir efecto dentro de mi short, mojándose con los tibios jugos que comenzaban a brotar de mi vagina, ya que debajo del pantaloncito no llevaba panti. «¡Ahora quiero hacerlo contigo, Luz, debes enseñarme todos tus secretos», me indicó, buscando de inmediato mis labios y colocando al mismo tiempo su mano abierta sobre mi vulva. Respondí a su dulce ataque con mis besos y mi lengua, a la vez que abría mis piernas para facilitar las caricias de sus dedos entre mis labios vaginales, moviéndolos deliciosamente suaves sobre la tela sin dejar de presionarlos hacia dentro. Nuestros besos se hacían cada vez más intensos y apasionados y mis manos buscaron sus senos desnudos debajo de la franelita de algodón que llevaba puesta. Laura es una de esas chicas de quien se podría decir que posee unos senos perfectos; el tamaño ideal que cualquier chica pudiera desear tener, redondos y firmes con un par de grandes aureolas oscuras, con sus erectos pezones que yo acariciaba entre mis dedos. Nuestros gemidos se confundían en un melodioso concierto erótico. Mis labios succionaban uno de los largos y brotados botoncitos, que como duros borradores de un lápiz, se erigían soberanos sobre sus senos. Los gemidos continuaban y el calor aumentaba en nuestros cuerpos. Laura, mientras besaba mi, se dedicó simultáneamente a quitarme el short para dejar desnuda mi empapada rajita, donde introdujo dos de sus dedos e iniciar así un exquisito meta y saque que me producía las mas sabrosas sensaciones y generaban los más rítmicos movimientos de mis caderas. Sin sacar los dedos de aquel lubricado albergue bajó su cara hasta mi entrepierna. Como yo sabía lo que iba a venir, eché mi cuerpo hacia adelante, apoyando únicamente parte de mis nalgas sobre el borde del asiento, abriendo mis muslos a todo lo que daban de ancho. Laura cubrió mi cosita con su boca, sin dejar de meter y sacar sus maravillosos dedos, lo que ya me tenía desesperadamente alterada a punto de orgasmo. Su lengua revoloteaba por toda mi cuca; sobre los labios externos e internos, sobre el erecto clítori, el que a rato chupaba dentro de la boca o le daba delicados mordisquitos. Esa combinación de lengua y dedos que se agitaban en cada parte de mi sexo, me elevó al cielo para desatar en mi interior una serie de orgasmos que se sucedían uno detrás del otro. Mi cuerpo se sacudía espasmódicamente ante las múltiples acabadas que se hacían dueñas de cada fibra de mí ser. De repente, como volcán en erupción, de mis entrañas explotó el más intenso de los orgasmos que hizo que mi cuerpo se arqueara y que yo pidiera clemencia a la lengua de Laura que desenfrenadamente castigaba mi adorada pepita. Caí rendida, muerta, sobre el sofá, con la respiración acelerada y profunda y la repetición de pequeños gemidos agónicos. Laura termino de lamer mi vagina intentando con ello secar aquella lubricada parte de mi cuerpo con su lengua, a la vez que le proporcionaba delicados besitos en señal de gratitud. «¡Eres lo más divino que he podido tener en mi boca!», susurró.

Laura se había quitado de entre mis piernas para sentarse a mi lado y tomando mi cabeza la colocó sobre su pecho desnudo. Yo le respondí acurrucándome en su regazo. Pasaron unos minutos en esa posición, diciéndole cuan agradecida estaba por tan inmenso placer. La sensación de elevación que me hacía flotar en el limbo no terminaba ni yo tampoco quería que cesara. Tomando la iniciativa nuevamente y sin dejar de darme besos en la mejilla, la frente y los labios, me dijo: «ahora me toca a mi. Te enseñare a que me hagas algo que me vuelve loca. Ven, vamos a la cama». Nos levantamos del sofá y nos dirigimos a su habitación.

Su cama ancha estaba ordenadamente tendida con sábanas limpias que olían a flores. Laura se dirigió al closet donde sacó una caja larga y plana. De su interior extrajo un tremendo consolador negro como de 30 centímetros de largo, de hinchadas venas y cabeza pulidamente brillante. «Vaya que eres glotona», le señalé. «si…», me respondió, agregando a continuación «es mi Rambo. Le debo muchos momentos de felicidad». Sin dejar de comentar las bondades de su «Rambo», también sacó de la caja unas trenzas largas de satén negro y tendiéndose sobre la cama me invitó a que hiciera lo que me iba a indicar. «Ven, ábreme las piernas y atas cada uno de mis pies a los lados de la cama». Abrí lo más que pude sus piernas, amarrando cada uno de los pies como ella me dijo. Esa vista, con su expuesta cuca brillando por los jugos que seguían saliendo de entre los gruesos y brotados labios, me embriagaba. El espectáculo que se presentaba ante mis ojos, muy usual en el sadomasoquismo, era nuevo para mí, solo lo había visto en algunos videos, sin embargo la excitación que me daba era tremenda. «Ahora las manos», me ordenó, y tomándola por las muñecas, até cada uno de sus brazos a cada lado del espaldar de la cama, quedando, de esa manera, inmovilizada. Sin que ella me dijera lo que debería hacer a continuación, busqué sus labios y su lengua, la que se entrelazó con la mía en un juego erótico mezclado con nuestras salivas, que nos iba subiendo al limbo muy rápidamente. Mientras mi lengua jugueteaba con la suya, mi mano acariciaba su clítori; metí un dedo en su encharcado hoyo, entrando y saliendo con facilidad por la excesiva lubricación que ahí había. La calentura de Laura estaba al máximo, demostrándose con sus gemidos ahogados por mi boca y los movimientos circulares de sus caderas, que al compás de mis dedos entrando y saliendo, hacía un perfecto coito. Los músculos vaginales presionaban mis dedos. Ella sabía utilizar muy bien esa parte que algunas mujeres saben dominar muy bien y que tanto les encantan a los hombres. Podía sentir como capturaba y soltaba mis dedos dentro de la vagina. No quería sacarlos de tan caliente aposento, al contrario, intensificaba el entra y sale que la estaba haciendo gozar inmensamente. Mientras con mayor fuerza la cogía con mis dedos, mas rápido agitaba sus caderas en círculos y de abajo hacia arriba. El trabajo que le daban mis dedos lo reforcé con sus senos, succionando los pezones con de mi boca, acariciándolos a la vez con la punta de mi lengua. Laura aumentaba su agitación y desespero, lo que me indicaba que pronto se vendría con mucha fuerza. Adelantándome a lo que se veía venir, tomé a «Rambo» con mi mano llevándolo a su cuca. Saqué los dedos de su palpitante raja para sustituirlos por aquel gigantesco aparato que sin contemplación lo fui metiendo y sacando, acompañando su arremetida con mi lengua que se dedicó incontrolablemente de su duro y rosado botón. El cuadro sensualmente erótico que se estaba presentando me tenía a millón, en una excitación que de un momento a otros no podría controlar más. Laura también acababa de perder el control de si misma para estallar en un orgasmo que le hacía convulsionar todo su cuerpo. De su garganta brotó un ahogado grito que repetía en la medida que esa gigantesca acabada se adueñaba de su ser. Pasó seguido, mi cuerpo comenzó a estremecerse de la misma manera como lo estaba haciendo el de mi prima. Jugos que empapaban las sabanas y se entremezclaban sobre nuestros vientres y muslos; gemidos de goce y electrizantes espasmos simultáneos dominaban el ambiente en aquella habitación saturada a olor de hembra en celo. ¡Un siglo acabando hasta que el agotamiento y la satisfacción nos dejaron inerte!

Pasaron unos minutos cuando decidí desatarla para acostarme a su lado. Laura acomodó confortablemente su cabeza sobre mi pecho, su mano montada en mi seno y uno de sus muslos sobre el mío. Nos dijimos muchas cosas sobre lo maravilloso que había sido tan inolvidable momento y lo tanto que lo habíamos disfrutado. Estuvimos amándonos hasta el mediodía; luego tomamos una ducha juntas y nos preparamos para cuando la familia regresara a casa.

Con mi prima Laura se abría otra puerta hacia el disfrute sexual con mi familia. Nos seguimos amando a escondida de mi tía y de Rosaura, e incluso compartíamos ardientes horas con su amiga Cristina, la mayoría de las veces en la casa de ésta. El secreto con Rosaura se mantuvo hasta el día que ella entró sin avisar al cuarto de Laura, encontrándonos en pleno goce. Este será otro tema que les narraré en su momento, así como también, no dejen de estar pendientes de las cosas que se siguieron sucediendo en la casa de mi tía Isabel.

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