Relato porno La señora Teresa xxx


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La señora Teresa

Categoría: Sexo con Maduras Comentarios: 0 Visto: 12705 veces

Ajustar texto: + - Publicado el 14/03/2017, por: Anonimo

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Reciban mis saludos cordiales todos los de esta página y hoy empiezo aportando una serie de relatos verdaderos que me han pasado en estos años con mujeres maduras, algunas algo mayores y otras mucho más, y espero sean del agrado de ustedes.

Para empezar, les diré que soy Jair, tengo 28 años, vivo en Lima, Perú y como quizá muchos he tenido diversos trabajos, aunque claro esto dado a que tengo dos profesiones y me animé a ejercerlas por algún tiempo y, por lo cual, tuve buenas experiencias con mujeres mayores. Este primer relato es sobre la relación actual que tengo con una señora a la que llamaré Teresa.

Hace dos meses aproximadamente, me animé a buscar centro de enseñanza de artes marciales y lógicamente, encontré varios por el distrito dónde vivo, y hecho el contacto mediante Facebook me dieron una dirección y hora a la que ir (horario nocturno pues por mi trabajo es el que mejor me convenía). Una vez llegado al lugar, veo que es una casa común y silvestre aunque era de dos pisos, y afuera había una persona tocando el timbre y con un bidón de agua, y esperé a ver qué pasaba y al ratito salió una señora en bata y que aparentaba unos 55 años y que sin exagerar conservaba un cuerpo aceptable para su edad. Solo me puse a escuchar lo que conversaba con la persona del bidón y aproveché en acercarme a la señora cuando el señor entró a la casa a colocar el bidón en su sitio y le pregunté por la dirección que me habían dado y me confirmó que era así y pude ver que el primer piso estaba acondicionado para la práctica del arte marcial referida, ella me siguió comentando sobre eso y yo de igual manera hasta que salió la persona que había terminado de colocar el bidón y se despidió de la señora y se fue a un auto estacionado al frente de la casa y que no me había percatado que había una señora dentro y ya a punto de irse pude ver que el bidón vacío de recambio estaba a un lado de la puerta y le hice ver eso a la señora que llamó al señora antes que se fuera en el auto y la señora divertida me dice: Este idiota ya se estaba yendo y dejando el bidón y me pidió disculpas por las palabras y solo le dije que no se preocupara que yo conocía anécdotas parecidas, dicho esto el señor se llevó el bidón y se fue.

La señora me dijo que en un rato más estaría llegando el entrenador y los chicos que vienen a practicar y yo esperaba que no entrará y me dejara solo en la calle esperando pues me agradaba su conversa y además que sus pezones se marcaban a través de la bata y que era de buen ver y tenía su gracia. Y fue ella quien me sorprendió de la siguiente manera.

– Joven ¿y cuáles son esas anécdotas que me mencionó hace un momento? – preguntó Teresa.
– Ahhh bueno como le dije así le ha pasado a algún que otro amigo olvidadizo. – respondí agregando. Pero a todo esto no me he presentado soy Jair ¿y usted es?
– Teresa, mucho gusto en conocerte Jair.
– El gusto es mío señora y a todo esto cómo le trata el calor de este verano infernal.
– Ni te imaginas, muerta de calor todo el día y hasta ahora en la noche.
– Eso se ve señora por algo está con su bata pero al menos en su casa se pondrá más cómoda.
– Claro, claro, sino estaría sudando por eso me aligero más dentro de casa.
– Para fortuna de su esposo. – dije sonriendo.
– Jajaja no ya no, pues soy viuda.
– Ah vaya, pues qué lástima que no haya nadie que aprecie esos momentos ahora. – respondí sabiendo que algo podía intentar pues la señora no debía tener sexo desde hace años.
– Bueno, igual ya estoy mayor, ya no es igual, usted sabe joven.
– Pues eso no se nota mucho, al menos para mí me parece que se conserva muy bien… eso veo gracias a la bata y ya imagino cómo se debe ver ya más ligera de ropas cuando está en su casa. – dije arriesgando y sabiendo que si no me salía la jugada todo quedaba allí y me iba.
– Oh vaya joven ¿y así siempre es de decir las cosas? – preguntó asombrada la señora Teresa.
– Solo con las que me atraen.
– ¿Y yo le atraigo tanto?
– Mucho señora Teresa, mucho… aunque le sorprenda.
– Pues claro que me sorprende que yo a mi edad aún pueda atraer a un joven como usted.
– ¿Y no le agrada eso?
– Sí, a que mujer de mi edad no le agradaría sentirse así.
– Es lógico pero también aún es joven como para seguir atrayendo a los hombres… aunque entiendo que quizá sea demasiado para usted.
– Pues no pero igual es una sorpresa. – respondió pero quedando pensativa y mirando hacia atrás de mí. Esos chicos vienen a practicar aquí, ya están llegando. – agregó señalando a un grupo de tres chicos.
– Bueno, pero ellos no me conocen así que no tienen por qué pensar que vengo por las clases. – dije agregando. Entonces, ¿qué hacemos señora?
– Mmm mejor pasa, pasa. – respondió apurándome y cerrando la puerta.

Luego me indicó que la siga hasta el segundo piso de su casa y me dijo que espere en la sala. Y al cabo de un momento me indicó que vayamos a su cuarto y ni corto ni perezoso la abrazo desde atrás y ella se sonríe.

– Ohh ya empezaste.
– Pues a las buenas cosas darles prisa. – dije sin soltarla. Además, que esto es sorprendente para los dos.
– Eso sí, no me imagine haciendo esto así sin más pero como te dije ya soy viuda desde hace cinco años y me sorprendí con lo que me has dicho.
– Siempre hay una primera vez para todo señora Teresa y al menos por cómo vamos creo que está animada a eso.
– Sí, mucho, aunque estoy nerviosa después de tanto tiempo y con alguien más joven. – dijo volteando y dándome un beso.

El beso se fue prolongando en silencio y mis manos acariciaban su cuerpo por encima de la bata y ella hizo lo mismo al acariciarme por el pecho y luego por la entrepierna. Solo nos miramos y empezamos a desnudarnos y ella mucho más rápido que yo al tener solo la bata y su calzón pues no llevaba puesto el brasier, por algo se le marcaban bien esos grandes pezones marrones que coronaban esos grandes senos de mujer madura. Su cabello negro resaltaba sobre su piel trigueña y su cuerpo, aunque presentaba un pequeño rollo razonable por su edad y la piel de su abdomen unas estrías producto de sus embarazos, se mostraba con las curvas suficientes para animarme. Me acerqué a ella y nos abrazamos y besamos y luego en la cama empezamos siendo ella quien me masturbaba suavemente.

– Muy bien señora Teresa, siga así que lo hace como se debe. -animaba a mi nueva e impensable compañera sexual.
– Qué bueno que te guste, tienes una pinga muy rica. – respondió sin dejar de jugar con su nuevo juguete y mirándome a los ojos.

De un momento a otro su lengua empezó a degustar mi pene por todo lo largo para luego engullirlo sin miramientos, los labios de la señora Teresa recorrían como si de un chupete se tratara mi verga mientras su lengua jugaba por dentro, dándome un delicioso placer. Después de un rato le hice saber a la señora que era mi turno de disfrutar de esa concha y hacerla gozar como no lo hacía desde hace años.

Mi lengua se paseaba como Pedro por su casa por cada pliegue de la señora y ella, con sus gemidos y suspiros, me indicaba que estaba haciendo muy bien mi trabajo y yo como buen trabajador no dejaba de jugar con su clítoris, mientras un dedo se introducía invadiendo su interior caliente y ya húmedo como preparándose para algo más. Pero estuve buen rato saboreando de la concha de la señora mientras la miraba como cerraba los ojos y se derretía con cada lengüetazo y luego ya me moví para seguir.

– Señora, qué rica concha tiene, me ha gustado mucho.
– Pues sí me di cuenta que te ha gustado comérmela.
– Y ahora continuamos. – dije sonriendo mientras sostenía mi pene y lo colocaba en la entrada de su vagina.
– Sí, la quiero toda adentro Jair. – suspiro la señora.
– Eso es un hecho señora Tere. – respondí iniciando la penetración y la señora cerraba los ojos para sentir mejor como invadía su interior.

Y la sensación de sentir mi verga abriéndose paso a través de sus paredes vaginales fue una deliciosa experiencia pues los años de viudez y no tener contacto sexual habían logrado que su vagina esté más cerrada y se sintiera delicioso para los dos. Ya encima de ella y con mi virilidad en sus entrañas nos miramos.

– Señora Tere, es una deliciosa completa, su vagina me aprieta la verga muy sabroso. – dije besando su frente.
– Sí, así lo siento muy rico de verdad sentir esto después de tanto tiempo.
– Ya era demasiado tiempo sin probar a un hombre.
– Sí, que vergüenza, pero como te decía jamás pensé que alguien se pudiera fijar otra vez en mí… menos alguien mucho más joven.
– Entonces le gusta lo que un joven de 28 años le hace sentir.
– Muchísimo, Jair. – contestó riendo y añadió. Y a todo esto ¿es primera vez que estás con alguien mayor que tú?
– Pues la verdad es que no, ya he tenido sexo con mujeres mayores que yo.
– Ah vaya qué sorpresa y cuán mayor fue la mujer con la que estuviste.
– Pues con mi peluquera que tenía 48 años.
– Jajaja qué pillo eres que ni la peluquera se salvó. – dijo bromeando y ambos riendo.
– Pero supongo que quizá con usted haya roto esa marca de la edad.
– Y me dijo pues sí, ya tengo 54 años, así que ya rompí el record.
– Jajaja eso ni se diga señora Tere y pues eso es lo bueno de estar con una mujer mayor.
– ¿Qué cosa?
– Pues que no hay peligro de embarazo y en su caso que no hay un esposo que le controle el tiempo ni dónde está o con quién.
– Tienes mucha razón en las dos cosas.
– Y a todo esto espero que no se la primera y última vez que nos veamos señora.
– Pues claro, por mí nos podemos ver otra vez.
– Yo de igual manera además que quiero seguir disfrutando de mi nueva mujer.
– Sí, soy tu mujer, tu hembra y tú mi macho.
– Sí señora Tere su macho, solo de usted y usted mía.
– Solo tuya Jair.

Y así mis movimientos suaves durante la conversación, se fueron incrementando poco a poco para ir calentarnos más nuestros cuerpos y que por el calor del verano de Lima, en este 2017 que es extremo, el sudor empezó a salpicarnos, pero eso no nos detenía, sino que nos animaba a seguir entregándonos. La señora Teresa soltaba gemidos fuertes pero nos dio igual que se pudieran escuchar en el primer piso dónde a estas horas ya se estaría desarrollando las clases del arte marcial que supuestamente debería estar practicando pero que la fortuna, que muchas veces hay que buscarla y presionarla, me tenía disfrutando del cuerpo de una viuda madura y entregada.

Por la calentura en la que estábamos después de un tiempo sentí que la leche de mis huevos se revolvía queriendo explotar y la misma señora se dio cuenta de eso y me animó a terminar dentro de ella, y así hice un momento después cuando varios chorros de semen llenaban su caliente interior y la señora suspiraba al sentir eso por dentro. Nos miramos y nos besamos después de haber compartido este momento especial.

– Señora Teresa, ha sido algo increíble. – dije recuperando la respiración.
– Muy rico Jair, muy rico, me has hecho disfrutar otra vez como cuando estaba casada.
– Y pensar que yo solo venía a inscribirme a las clases y mira como terminé. – dije riendo.
– Cosas locas pasan en la vida muchacho.
– Definitivamente.

Luego me moví de encima de la señora y fui al baño a buscar un poco de papel higiénico y limpiar el semen que salía de su vagina para después ir al baño a ducharnos y regresar a la cama a recuperarnos y conversar de cómo sería todo entre nosotros a partir de ese momento pues a pesar de ser viuda, debía cuidar su honra antes los vecinos y su familia, pues tenía un hijo y una hija que, aunque ya estaban casados y vivían aparte solían venir a visitarla a veces aunque no en las noches. Y para evitar suspicacias yo vendría a las horas que eran las clases pero media hora antes de que llegara el profesor y los estudiantes pues así los vecinos pensarían que soy otro estudiante más aunque en la clase ni supieran quién fuera yo porque obviamente no me inscribí para poder estar con la señora Teresa.

Esto es lo que ha pasado en este inicio de año 2017 y pues espero seguir contándoles otras situaciones más con la señora Teresa pero también de mis anteriores experiencias con otras señoras y de las cuáles esas relaciones ya terminaron.

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